miércoles, 14 de diciembre de 2011

El Universitario

Los ojos siempre tienen esa viscosidad peculiar y su color azulado-grisáceo imprime una tonalidad diabólica. El pelo castaño volcado sobre la frente, la barba candado recortada con esmerada prolijidad.
Ropa de marca, Kevingston y La Martina. No salía de su casa, sin los anteojos que cubrían gran parte del rostro. Augusto siempre fue el hijo mayor preferido de mamá.
La contadora pública le consiguió un trabajo, en la empresa aseguradora.
Le faltaban cinco materias para graduarse de licenciado en publicidad, en la universidad de Palermo.
Tiene cierto aire al hombrecito contrahecho, “el jorobadito”, que tan bien caracterizó Roberto Arlt, en ese formidable cuento. No, no. Sin dudas, es más alto y mejor formado.

-         Mamá, te he dicho que no me encuentro preparado para ese trabajo, es mecánico y muy boring. Además es irrelevante, la compañía tiene trayectoria en el mercado, pero de cadetito no voy a trabajar.
-         Augusto, es una oportunidad única, pues luego el departamento publicidad puede contratarte.
-         Dudo, pues hoy las corporaciones te desechan como plástico.

Ante la duda, marihuana. Y si es flor, mejor.
El día que le destrozó la nariz al padre con el jarrón se encerró una semana consumiendo hierba. Cuándo la situación se agravaba la masticaba muy lentamente.
El lunes llegó con un sol tímido. Tomó avenida Santa Fe, desde Azcúenaga, caminó dos cuadras y antes de la librería Ateneo, entró en el edificio.
Le fascinó la secretaria, larga pero no escuálida. Elegante y de unos ojos similares a una lechuza de los campanarios. Se enamoró in situ. Durante semanas, caminaba y la miraba sin disimulo.
-         Julieta, porque no salimos este fin de semana…
-         Te prometo que vamos a la quintita de mamá…
-         La estufa la usamos todo el día. Recorremos el pinar, de allí conseguimos un poquito de quetamina y ácido.
-         Imbécil, sabes dónde podes irte…no me molestes, tengo novio y no me gustas. Te lo vuelvo a repetir: no me gustas.
-         Y qué importan los gustos…

Atendía hasta la media tarde los clientes más destacados. El hinterland de la compañía se extendía desde Belgrano hasta San Telmo. En el conurbano, Lanús, Quilmes, Avellaneda y Berisso. Clientes medianos y micro-pymes.

-Dale Juli…Ven, tengo algo que contarte.
Los ojitos viscosos azulados revoloteaban sin cesar.
Esa tarde compró un pantalón Hugo Boss en Galerías Pacífico.
-         No te agrada mi pantalón nuevo?
-         Sí, tienes buen gusto.
-         Oye esto… fotocopié, es más falsifiqué los recibos desde el 23.456 al 23.656
-         Qué?
-         El ventrudo de Alfredo, es un viejo re-pelotudo, me confió la cobranza del microcentro, Avellaneda y Quilmes.
-         Ventrudo?...
-         Sí, tengo los recibos y los voy a utilizar.
-         Idiota, y para que me…

Los ojitos volaban a gran velocidad. Tenues gotitas se deslizaban por las mejillas.

-         Si me denuncias con Alfredo te violo.
-         Loco, idiota, imbécil, boludo…loco….le voy a contar a mi novio…
-         Y…don’t worry…
-         Idiota, idiota.

-         No te salvas de mi pinochito…
-         Qué.., qué…
-         Te doy el cincuenta por ciento….y vamos a recaudar más de ciento veinte mil dólares… Te alcanza para un departamentito en San Telmo.
-         Estás totalmente crazy, nene. Absolutly crazy…
-         Si, seguro, pero nos asociamos, o no?
-         No, no…

El sábado siguió por Libertador y buscó el río de la Plata. Estacionó el Focus de mamá y se metió en la Petro. El panorama es inmejorable. Autos, camiones, el río, algunas barcazas, yates, y el horizonte que parece una barrera, por allí, muy lejos.
El color marrón del río lo tranquilizaba, sedaba su inquieto temperamento. Pasaba horas  observando el vaivén del agua.
Se comunica con Patricia, la putilla que lo ayudaba en momentos críticos.

-Patri, Patri, nos vemos en el hotelucho, now, now.

Sin desvestirla, de parado, le bajó suavemente la bombacha verde, la minifalda, azul mediterráneo, se arrugó contra el vientre liso. Con gestos adustos, acariciaba el pelo rubio de Patricia.
-         Qué linda sos…so beautiful…so beautiful…
-         Pronto te daré lo que quieras…Patri, Patri…así terminas tu carrera de medicina y te especializas en limpiarle los mocos a los pendejos…

Esa tarde Julia, de negro, con un vestido adherente, caminaba con la notebook entre los brazos, de la oficina de Alfredo a la del gerente de finanzas, y de allí a su escritorio. En el flanco izquierdo, Augusto, observaba.
-Augus…con Panchito estamos de acuerdo, vamos a trabajar en aquello.
- No me molestes, que estoy estudiando Comunicación, y algo de Planificación y desarrollo de Campañas II…
-Pero, Augus, recuerdas lo que conversamos hace tiempo. La mirada pétrea de Julia, con sus pestañas ennegrecidas, y sus manitos con uñas pintadas de naranja, ejercían un influjo mágico.   
- Pero, pero…first, no me ayudaste, te negaste, and second, quiero verte, bueno, ya sabes.

-         En eso no hay trato…
-         Entonces no negociamos. Llevo tres semanas y recaudé un buen monto.
-         Alfredo puede descubrirte, cuidado, cuidado, que es inteligente y muy cauto.
-         Soy más inteligente.
-         No sé, no sé…
-         Apostamos que recaudo cerca del medio millón de dólares…
-         Medio millón, estás crazy…

Te invito esta tarde  al pub que inauguraron el martes, en Palermo Soho. Tiene un gusto fuera de lo común y conversamos tranquilamente. Además un amigo nos abastece de heroica, de la pura.

-Fool, fool…

Música retro, Chet Baker,  melancólico y sin estridencias. Mesas dispuestas con discreción. Jóvenes elegantes. Pinturas de Ferrari y Andy W. Muebles de nogal. Pino tadea en el cielorraso. Roble en las paredes. Cafés, cocas y energizantes.

-Alfredo confía plenamente, es muy amigo de mamá y no se le ocurriría pensar en mi maniobra. Seguramente, el monitoreo lo hará para noviembre. Para esa fecha, tendré en mi tesoro los trescientos cincuenta mil dólares, y decido compartirlos contigo, con una condición, que tú te imaginas.
- Augus, no puedo, no puedo…
- Te vas a perder los setenta mil, y si me traicionas, te implico sin lástima. Alfredo se enterará que tú fuiste la ideóloga de la operación. Vas a pasar por todas las comisarías de Recoleta y Palermo. Una loser…
- Pero Panchito se enojará…además, no me gustas realmente…Los ojos color miel merodeaban el saco marrón de Augusto.
- July, está el azar de por medio, si tenemos un cliente con problemas reales, que necesita la póliza, perdemos, pero realmente, en estos cuatro meses, confío en mi suerte, que es muy, muy buena. Son tipos de clase media, media-alta, con seguros contra incendios de hogar, robos, asalto de cajeros, paroxismos en el negocio…cierto?
- Sí, sí…eso lo comprendo…pero tu intención me preocupa…                                              
- Hacemos un deal, nos acostamos una, una sola vez…y recibís los sesenta mil, en octubre.
- Tarado, me profanas y no recibo un dólar…además no me gustas bien…
- Fool, fool, piensa, que lo haces con Dillion, no sé, con  Cage, o el doctor House…
- Me gusta House…
- Seguro…soy como House, hiperinteligente, ácido y con un cinismo sin igual…En la facultad no bajé de nueve, imagínate.

-         Bueno, pero con una condición…
-         Si, cuál?
-         Que nos acostemos en primavera.
-         No, no, no. Faltan dos meses y no creo que pueda. No te daré nada y si me cagás te violo o …
-         Qué, qué… no hablas en serio, no creo…
-         Te gusta Cerati?
-         Qué decís?...Cerati?...sí, seguro.
-         Te acostarías con él..
-         Pero, qué?…Augus me encantaría que tu altura supere el metro ochenta y tres…me banco tu narizota, pero tu altura…

En agosto llegó a la oficina, un joven barbado, con impecable blazer y mocasines italianos, preguntó por el gerente y pasó a su escritorio.
 Julia y Augusto se movían con incertidumbre. Del baño a la gerencia de contabilidad, de allí a la ventana. Augusto no despegaba su mirada de Julia. Augusto repasaba las reproducciones de Petorutti y Quinquela.

Se retiró a la hora y media. No saludó.

-         Observaste, Julia, el portafolio Cardón, estaba abultado. Probablemente es un cuervo de esos que pellizcan la podredumbre local.
-         Me gustó…is a nice boy.
-         Bah…un poquito más alto que yo. Pasaron dos semanas del ofrecimiento que te hice, y no me hablaste más. Cretina.
-         Qué?... sabes lo que pienso, boy.

A los quince minutos, un grito desgarrador, de las entrañas mismas del paleolítico, tronó en la sala del ventrudo propietario.

-AAAAuuugustoooo……te quiero ya!!!!!!

-         Estás despedido, por imbécil, por ladronzuelo, por atrevido, por tirar por el piso mi reputación de treinta años en el mercado!!!!!  Falsificaste los recibos y te guardaste más de cien mil pesos y ahora debo enfrentar unos cuantos  juicios. Hace días me pusieron en alerta.
-         Quién, quién?
-         Qué carajo te importa.
-         Estamos en el Gran Buenos Aires y los siniestros son diarios, no conoces el mercado, además nuestro contador nos avisó que tenías un talonario de recibos fotocopiados. Boludo, te los olvidaste aquí, hace exactamente dos días…Confiaba en ti, tu madre es excelente. Nos defraudaste.
-         Los recibos son legales, realmente legales y con membrete a su nombre, aseveró Augusto.
-         No lo puedo creer…
-         No existen diferencias entre los recibos, está en un error Alfredo.

Los ojos azules trasmutaban a gris, azul y gris. Revoloteaban sin cesar. La oficina tenía dos computadoras negras, una gibosa. Cuadritos sin firmas, objetos de dudoso valor, y paredes color pastel.
Tomo la estatuilla que representaba una diosa griega, y sin mediar palabras la destrozó en la nariz de Alfredo.
Cerró la puerta. Empujó a Julia hacia la puerta del bañito. Cayó con las piernas abiertas.
Bajó las escaleras canturreando a Nito. En el hall armó un cigarrito. Marchó por Santa Fe hacia Azcúenaga clavando sus ojos azules-grisáceos en las abultadas colas porteñas.

R. L.

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